viernes, 16 de marzo de 2012

El ambulante: estampa de un cineasta artesanal



Por Raúl Ortiz - Mory

Daniel Burmeister es un cineasta poco convencional. Recorre con su Dodge destartalado los pueblos del interior de la Argentina con la finalidad de rodar películas donde los actores son los mismos habitantes de las comunidades a las que llega. Hace de director, camarógrafo, montajista y hasta de actor. Un todoterreno que a sus 67 años solo piensa en seguir filmando de la manera más independiente posible: con franciscanas subvenciones, tecnología rudimentaria y actores improvisados. Su pasión por el cine es lo único que tiene.

El ambulante es un documental que narra la vida de Burmeister en paralelo con la realización de una de sus peculiares películas. Una delicia de los directores argentinos Eduardo de la Serna, Lucas Marcheggiano y Adriana Yurcovich, que ha sido galardonada en festivales de América y de Europa.

Daniel Burmeister no es Ed Wood, aunque muchas veces su figura es comparada con la del director americano considerado el peor realizador de la historia del cine. Burmeister es más genuino y cercano, no tiene aires de grandeza y es un convencido de que sus películas están llenas de fallas, pero no le importa. Toma cinco guiones de su propia autoría y los ejecuta por los pueblos de Córdoba, La Pampa y Buenos Aires, llegando a tener un éxito singular. Es decir, repite sus películas con actores distintos, todos del pueblo al que llega y, una vez terminado el producto, organiza tres funciones para que los mismos habitantes se vean: un registro del pueblo interactuando y divirtiéndose; nada que ver con una estampa histórica o solemne. Los orígenes puros del cine: divertir y no aburrir.

El ambulante es la parábola de un peregrino que se deja llevar por la pasión. Es la muestra del individuo con ideales de libertad. Es la fuerza de un hombre que, a pesar de la adversidad, no se sienta a esperar, resuelve con buen humor y de forma práctica cualquier problema que se presente, ya sea a nivel personal o profesional. De la Serna, Marcheggiano y Yurcovich dibujan un retrato emotivo y sincero, sin ánimos de heroicidad, que empuja al espectador a ponerse en los zapatos del protagonista y pensar que la voluntad es más grande que los deseos.

Los directores posaron sus miradas en un hombre que parecía desvariar cuando proponía a las autoridades del pueblo al que arribaba para hacer una película a costo de alimentación y de un lugar para dormir. El documental comienza con dicha propuesta y muestra el trabajo de filmación, montaje y el estreno de Matemos al tío – una comedia rocambolesca de situaciones lúdicas –. Los directores eligen la mejor, y creo que única, manera de contar esta historia: seguir a Burmeister en la grabación de su filme que dura un mes, salpicando datos biográficos contados por él mismo.

El ambulante tiene un aire épico y hasta de western. Es el outsider que llega a un pueblo y solo se marcha una vez cumplida su misión. Es el eje transformador de una colectividad que nunca hubiese pensado ser parte de un proyecto artístico. La empatía del director con los pobladores es uno de los puntos más representativo del documental. Quizá la fuerza emotiva que corre en los 84 minutos no sería tal si la personalidad de Burmeister no rebozara de carisma. Escenas como avisarle a cualquiera que se le cruza por la calle para que forme parte del elenco porque “en algún lugar del corazón todos tenemos espíritu de artista", o cuando dirige la secuencia de una boda en medio de risas y ocurrencias, son ejemplos de naturalidad.   

La magia del cine no solo se circunscribe a Hollywood, los festivales europeos, las citas independientes o el cine de autor. La fantasía de la pantalla grande tiene como pilares a hombres como Burmeister, apasionados, infrenables y comprometidos, y también a documentalistas como de la Serna, Marcheggiano y Yurcovich, que apostaron por la historia de uno de los más entrañables personajes de la historia del cine latinoamericano.   


Nota: El ambulante recibió el premio Sony al mejor documental en el marco del I Festival Iberoamericano de Cine Digital, FIACID, celebrado en febrero de 2012 en Lima.


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