miércoles, 13 de agosto de 2014

Clásico de fuste *


Por Raúl Ortiz – Mory


Una de las películas más prestigiosas y reconocidas de la profusa filmografía de Jean-Luc Godard es Pierrot le fou (1965). Los motivos son varios. Desde la experimentación en el tratamiento narrativo, la hibridación de géneros cinematográficos, la propuesta contestataria en tiempos de cambios sociales, el aura poética a nivel visual y de los diálogos, la profundidad a partir de una historia sencilla, hasta la elección audaz de las referencias artísticas.


Basada en la novela de Lionel White, Obsession (1962), Pierrot le fou narra la historia de una pareja integrada por un inconforme maestro de lengua Ferdinand Griffon (Jean Paul Belmondo) y una muchacha, Marianne Renoir (Anna Karina), que tiene problemas con una banda de traficantes de armas. Él está casado con una mujer italiana que forma parte de la burguesía parisina. Sin embargo, Ferdinand no se siente a gusto en ese entorno; el tipo de vida de la gente que frecuenta le parece vacío, insustancial y alienado. Una noche, regresa aburrido de una fiesta, donde supuestamente conocería a un empresario que relanzaría su carrera en la televisión, y decide llevar a casa a la niñera, Marianne, que está cuidando a los hijos de su cuñado. 

Ambos, cinco años antes, habían mantenido una relación amorosa en la que ella le llamaba Pierrot. Así, entre conversaciones que rememoran el idilio pasado y sus respectivas vidas en el presente, deciden fugar hacia el sur de Francia, dejándolo todo para emprender un viaje liberador sin algún tipo de límite. Durante el accidentado periplo – donde robos, asesinatos y estafas serán parte de la ruta –intercambiarán puntos de vista sobre el amor, la vida, las relaciones humanas, las aspiraciones del hombre y las presiones sociales, a través de diálogos divertidos, irónicos, reflexivos y melancólicos.

Godard utiliza a la pareja para sentar un punto de vista sobre la libertad del hombre y su rol en la sociedad. La historia que narra el cineasta se aleja del texto de White, en cierta medida. La novela noir pasa a ser una excusa para develar un romance existencialista que comprende a dos personas que buscan un propósito común a partir de caminos distintos: Él pretende despojarse de las etiquetas sociales desde sus elucubraciones iniciadas en los planos artístico y filosófico, mientas que ella vive a tope – en búsqueda de diversión y con ciertas acciones de ambigüedad superficial – sin importarle el mañana. Además, el realizador aprovecha su trabajo para criticar abiertamente, con ironía y mofa, la intervención de los países occidentales en los conflictos bélicos.


Pierrot le fou es un clásico que después de 50 años guarda vigencia. Más allá de la turbulencia social que experimentó Europa en la segunda parte del siglo XX, la película de Godard puede apreciarse como el reflejo de tiempos recientes, y, quizá, de muchos años venideros. 

* Una versión editada de este texto apareció en la revista Vértigo, publicación oficial del Festival de Cine de Lima. http://www.festivaldelima.com/2014/wp-content/uploads/2013/08/vertigo-4-web.pdf

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